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UN MUSEO QUE CRECE, UNA CATEDRAL LAICA: UN JARDÍN BOTÁNICO
Está usted a las puertas de una catedral, a la entrada de un museo, a punto de penetrar en el túnel del tiempo, justo en el umbral de un montón de emociones fuertes e inesperadas. Este Jardín Botánico Atlántico que va a visitar es una catedral laica en la que las columnas son árboles, las cúpulas sus hojas y sus ramas, y el misterio lo ponen las plantas grandes y pequeñas, el sonido del agua y el rumor antiguo de la tierra. Entramos en un museo irrepetible en el que las obras de arte son inimitables y de valor incalculable.
LAS CUATRO TORRES
A golpe de vista, cuatro torres de cristal a modo de invernaderos nos presentan y resumen las cuatro áreas temáticas por las que pasaremos a lo largo de este paseo que ahora se inicia.
Dentro de la primera, un laurel. Un árbol típico de las zonas más cálidas del Entorno Cantábrico. Ese será nuestro primer destino. En la segunda torre, un olivo y una vid. Son el símbolo de cómo el hombre ha domesticado y cultivado las plantas a lo largo de los siglos. Hombre y plantas mantienen abierta desde hace siglos una Factoría Vegetal que también conoceremos. La tercera torre nos lleva a un evocador jardín. Vemos un tejo recortado como los del Jardín de La Isla, nuestro tercer paseo entre camelias, cedros y cascadas de agua, un monumento a la jardinería de todos los estilos y tiempos. Y en la cuarta torre, Mesoamérica. Sí, un gran helecho arborescente de aquellas tierras, porque serán también parte del Itinerario Atlántico que nos demuestra que las plantas fueron los primeros seres interculturales a ambos lados del océano.
CONTINENTES DESNUDOS ANTES QUE VERDES
Este es el museo vivo y cambiante de nuestra historia natural, la que nos lleva a la noche de los tiempos. Este es un viaje que comenzó hace más de 4.500 millones de años en una Tierra primigenia, en cuyas aguas, poco a poco, van apareciendo seres vivos, primero microscópicos y luego cada vez más complejos y diversos. Hace poco, sólo unos 450 millones de años, en el periodo que ahora llamamos Devónico, aparecen los primeros vegetales capaces de salir del agua y lentamente colonizar las tierras firmes. Son las primeras plantas, todavía sin semillas, que dispersaban esporas, como los helechos actuales. Un paludario nos las muestra. Con ellas comienza la historia del planeta verde que empezamos a recorrer.


A partir de este momento de la larga noche de los tiempos, el mundo comienza a ser verde, porque hasta ahora su color era el de las rocas desnudas, porque aún no existían las plantas que lo irán cubriendo.
Y, por fin, otro gran hallazgo de la Naturaleza: las semillas. Primero las plantas gimnospermas, con semillas desnudas, luego las angiospermas, con semillas encerradas en el ovario y que producen frutos.
En la Tierra había un continente único, Pangea, de ambiente muy homogéneo, sin apenas climas diferenciados, una gran "galleta" rocosa surgida del fondo de las aguas antiguas. Tuvo que romperse en trozos para que empezaran a diferenciarse áreas geográficas ambientalmente distintas. Por eso, en las dos riberas del Atlántico hay climas y paisajes tan diferentes como los que se verán en el Itinerario Atlántico, desde Noruega hasta Cuba, desde Canadá hasta la Península Ibérica o Canarias.
BAJO LAS CUATRO TORRES
Ya estamos dentro del mundo verde, dentro de nuestra propia historia. Vemos ahora las cuatro torres desde otro ángulo. En su base, cinco pequeños parterres que resumen en miniatura todo lo que vamos a ver en tamaño "natural", nunca mejor dicho, a lo largo de este paseo.
La primera plantación acoge plantas endémicas, raras o amenazadas en nuestro entorno geográfico. El segundo cuadro de plantación nos muestra otras plantas del Entorno Cantábrico. El tercero, las que el hombre ha usado y usa en su vida cotidiana, las que veremos en la Factoría Vegetal. El cuarto recinto se dedica a las plantas ornamentales, es un resumen y un adelanto de lo que veremos en el hermoso Jardín de La Isla. En el quinto, los plantas del Itinerario Atlántico.
Iniciamos ahora un largo camino que recorreremos juntos y que nos ayudará también a saber quienes somos, por qué comemos así y no de otra forma, cómo era esta tierra en los albores del mundo, por qué nuestro planeta es tan verde como azul, o cómo son otros paisajes casi gemelos al nuestro y, sin embargo, muy lejanos. Las plantas serán a partir de este momento nuestras guías. Helechos, malas hierbas, robles centenarios, enredaderas, plantas comestibles, curativas y venenosas, camelias o cedros del Líbano nos esperan ya para susurrarnos su historia.